Preguntas Sexuales

El “Comando G” podría no existir

General 388

Siento ser aguafiestas, pero me siento en deuda con todos aquellos incansables exploradores que se han vuelto locos en la búsqueda. Señoras, señores: el punto G tiene toda la pinta de ser un mito. Y no es que lo diga yo, sino que el “Journal of Sexual Medicine” –por lo visto, el santo santorum de estas materias- ha publicado recientemente un estudio en el que casi, casi podemos dar por perdida su existencia. Después de cincuenta años venga a buscar y rebuscar –porque, por increíble que parezca, la medicina también anda detrás de situarlo en el mapa femenino-, ahora más que nunca cobra fuerza la teoría de que esa bendita zona erógena que -se presupone- tenemos podría no existir como tal. La que lió su supuesto descubridor –un tal Ernst Gräfenberg; lo de “G” va por su apellido- ni se la imaginaba cuando allá por los 50 propagó a todos los vientos que las féminas poseíamos un botón mágico erógeno.

Pues bien, cincuenta años más tarde seguimos dándole vueltas al bendito punto… hasta que llega la University College de Londres y dice que quietos, paraos. Y es que estos ingleses son la bomba, y se les ocurrió testar su existencia en gemelas, tanto genéticamente iguales -de un solo óvulo- o fecundadas a partir de dos óvulos diferentes, partiendo de una base cuanto menos lógica: si son iguales, deberían tener el punto G en el mismo lugar.

Es lo que tiene ser un calco genético, digo yo, que para esto facilita mucho las cosas. Pues su gozo en un pozo: después de analizar más de 1.800 mujeres “iguales” de entre 18 y 23 años –la torta un pan de pruebas, vaya-, se encontraron con que no existía un patrón de respuestas. Unas podían decir tenerlo más que localizado mientras sus hermanas afirmaban seguir todavía en su busca. Vamos, que la investigación niega su existencia de una manera muy simple: ni teniendo a quién preguntarle –a tu propia hermana, exactamente igual a ti-, tiene una localización. Ergo se decide que no existe, y punto.

Este “y punto” es relativo y tiene matices porque, hace sólo dos años, la misma revista aseguraba –basándose en un ensayo clínico realizado con 20 mujeres- su existencia identificando el bendito punto perdido con una zona de tejido engrosado de la vagina. Así que, igual y todo, podemos no darlo por perdido y plantearnos –como asegura la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología- que se trata de una zona más que de un punto localizado o, incluso, de una suma de ellas.

Y digo yo que, quizás, esa zona sea como esa canción infantil: particular como el patio de mi casa.

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